Jorge Barraza: Cuidado, se despertó el monstruo

Compartir:

Todos quienes no somos brasileños estábamos ciertamente tranquilos de ver un Brasil, anestesiado, somnoliento, terrenal… Pero tan placentera sensación duró dos partidos apenas: ante Perú despertó el monstruo. Cinco rugidos dio, deglutió a su rival, lo molió con sus mandíbulas. Y lo peor: quedó con hambre…

Brasil 5 – Perú 0. Terrible. Más un penal fallado antes de caer el telón. Y algunas escaramuzas extras… Pudo ser de una goleada de efemérides. De esas de hace sesenta o setenta años. Volvió a ser el Brasil de Tite, el de la eliminatoria pasada, con ese juego y esa contundencia que lo ungió favorito al Mundial. Quizás mejor, más hermoso. Fue una maquinaria de relojería, todas las piezas funcionaron perfecto, agujas, engranajes y manecillas. No hubo un futbolista brasileño de diez puntos y ninguno debajo de 7 u 8. Entre los once erigieron en figura al equipo. Si en un mes se disputara el Mundial, volveríamos a elegirlo como candidato al título. De hecho, ya lo es en esta Copa América. Parecieron empeñados estos muchachos brasileños en dedicarles un festival, uno grande, a sus torcedores estando en casa. Nada menos que en San Pablo. Lo dieron generosamente.

Fue una goleada por aplastamiento en la que se combinaron diversos factores: superior calidad individual, funcionamiento de conjunto, velocidad de desplazamientos, agresividad en todos los planos del campo, presión alta (tremendo el anticipo de los zagueros Marquinhos y Thiago Silva casi en el mediocampo), maravillosa combinación de pases. Y, desde luego, contundencia en ataque. Lo importante para el entrenador es que la actuación y la victoria no llegaron por la brillantez de una o dos individualidades, sino por la solidaria aportación colectiva. Eso debe haberlo dejado muy tranquilo. Pocas veces se vio a Tite tan feliz durante y después de un partido. “Foi um grande jogo”, dijo con inocultable satisfacción. Se lo veía como aliviado, libre de la carga de los partidos anteriores al fenomenal conductor gaucho. “El equipo debe ser persistente, saber detectar los errores y corregirlos. Debe tener finalización y precisión, efectividad, consistencia. Hoy lo ha tenido”, dijo en la rueda de prensa.

La Seleçaõ apabulló a Perú, no le dio posibilidades de nada, con 65% de posesión propia frente al 35% de los incas. Tuvo 18 finalizaciones frente al arco, con 5 goles, dos pelotas en los postes y un penal atajado. La estadística puede no ser demostrativa de la realidad de un partido, pero esta es mucha estadística.

Cuando un entrenador tiene un jugador de 36 años con el desempeño de  Dani Alves debe estar muy reconfortado con la entrega de sus dirigidos. El gol y la definición del bahiano fueron sensacionales: anticipo en tres cuartos de cancha (su lugar ideal en el césped pese a ser marcador de punta), pared con Firmino, perfecta devolución del de Liverpool, entrada rauda y fusilamiento alto a Gallese, gran arquero que no estuvo acertado en este juego, pese a tapar el penal al final a Gabriel Jesús. Por clase, trayectoria y títulos, Dani Alves es uno de los más fantásticos laterales derechos que vimos. Ahí con Cafú… Cafú quizás le saca un cuerpo de ventaja en la marca, Dani Alves lo supera largamente en calidad técnica y creatividad ofensiva.

El fútbol tiene cosas extrañas, que lo diga la Holanda de Cruyff, que no pudo ser campeón con aquel rodillo naranja con el cual se ganó para siempre un sitio en la historia. Que le pregunten a la Hungría de Puskas, que había vencido 8 a 3 a Alemania en primera fase, la derrotaba 2-0 en la final ¡y perdió el Mundial…! Y que lo cuente Gabriel Jesús, que ante Perú dio una cátedra de número nueve y no pudo marcar un gol en una goleada de 5 a 0. Insólito. Hasta el penal del último minuto le salió mal. Un centrodelantero con enormes recursos técnicos, que podría ser 10, o 9 y medio. Encantó sin marcar goles.

La estrella de la tarde, no obstante, porque hubo una además del equipo de Brasil, fue Everton. Cuando un futbolista empieza a ser querido por los hinchas de todos los clubes y todos lo reclaman, está llamado a ser ídolo nacional. Nos llevó un taxista amabilísimo en Salvador de Bahía, hincha del Vitoria, enemigo acérrimo del Bahía Esporte Clube (como si fueran Central y Newell’s). Nos dejó dos confirmaciones: el cariño a Everton, la animadversión a Neymar. “Tem  que jogar Cebolinha, ele e craque”, decía mientras conducía. Cebolinha (cebollita) es Everton. Luego salió el tema Neymar y se le avinagró el semblante: “No meu time nao joga Neymar. Joga, Pelé, joga Tostao, joga Zico, Ronaldinho, Neymar nao”. Todo Brasil opina en coincidencia. Tostao, hoy comentarista estelar, dio una amplia entrevista el viernes al diario El País de Madrid y el título es muy fuerte: “Neymar vive de la fama y tiene un comportamiento irresponsable”. Tostao ha sido el gran valedor del jugador del PSG. Ha dicho reiteradamente que es “el mejor jugador  brasileño de la historia después de Pelé”. Igual lo critica. A propósito, Tostao califica a Pelé, y luego a Messi, como los dos más grandes de todos los tiempos. Una nota imperdible.

Obviamente, Neymar es quien más camisetas vende entre los jóvenes y niños, pero el público en general, el más maduro, no tolera su exposición mediática, sus indisciplinas y devaneos. Y este Brasil que aplastó a Perú jugó sin él y deslumbró.

Los dos grandes de Manchester, United y City, están detrás de Everton. El punta del Gremio, de 23 años, fue titular por primera vez en la selección y dejó nuevamente su marca. Ya había marcado un golazo a Bolivia; ahora le hizo otro a Perú. Desplazó a Neres y a Richarlison, quienes habían arrancado como titulares. Tiene una gambeta endiablada (parecida a la de Bochini) para pasar entre muchas piernas rivales. Hace la diagonal y remata bien de derecha. Pero, más que eso, posee ángel, un carisma tremendo. Lo quieren los de Palmeiras, los de Flamengo, los de Corinthians… Puede ser una figura por años.

Brasil enterró la silbatina del entretiempo ante Bolivia. Dejó a su gente feliz, este es el futebol que enamoró al mundo históricamente. El fútbol es un juego de once contra once en el que siempre gana Alemania… y en el que todos somos amantes de Brasil. (O)

Fuente: www.eluniverso.com

Compartir:

Attachment

Dejar un comentario

(required)

(required)